Frritt-Flacc
Frritt-Flacc Sólo se ve un punto luminoso, a una distancia de medio kertse. Es la lámpara del moribundo, del muerto tal vez. Es, sin duda, la casa del hornero. La abuela la ha señalado con el dedo. No hay error posible.
En medio de los silbadores Frritts, de los crepitantes Flaccs, del ruido sordo y confuso de la tormenta, el doctor Trifulgas avanza a pasos apresurados[1].
A medida que avanza la casa se dibuja mejor, aislada como está en medio de la landa.
Es singular la semejanza que tiene con la del doctor, con el Seis-Cuatro de Luktrop. La misma disposición de ventanas en la fachada, la misma puertecilla centrada.
El doctor Trifulgas se apresura tanto como se lo permite la ráfaga. La puerta está entreabierta; no hay más que empujarla. La empuja, entra, y el viento la cierra brutalmente tras él. El perro Hurzof, fuera, aúlla, callándose por intervalos, como los chantres entre los versículos de un salmo de las Cuarenta Horas.
¡Es extraño! Diríase que el doctor ha vuelto a su propia casa. Sin embargo, no se ha extraviado. No ha dado un rodeo que le haya conducido al punto de partida. Se halla sin lugar a dudas en Val Karniu, no en Luktrop. No obstante, el mismo corredor bajo y abovedado, la misma escalera de caracol de madera, gastada por el roce de las manos.
