La casa de vapor
La casa de vapor Al día siguiente, 20, al anochecer, el Gigante de Acero llegó, después de un día de insoportable calor, a las inmediaciones de Gaya e hicimos alto a orillas de un río sagrado, el Falgú, muy conocido de los peregrinos. Los dos bungalows se establecieron en un sitio delicioso, sombreado de hermosos árboles cerca del río y a dos millas poco más o menos de la ciudad. Nuestra intención era pasar treinta y seis horas en aquel paraje; es decir, dos noches y un día, porque el sitio era muy curioso de visitar, como antes he dicho.
Al día siguiente a las cuatro de la mañana, a fin de evitar los calores, Banks, el capitán Hod y yo nos despedimos del coronel Munro, y nos dirigimos hacia Gaya.
Dícese que anualmente afluyen ciento cincuenta mil devotos a este centro de establecimientos brahmánicos. En efecto, en las cercanías de la ciudad, los caminos estaban invadidos por gran número de hombres, mujeres, ancianos y niños, los cuales iban atravesando el campo en procesión, después de haber soportado las mil fatigas de una larga peregrinación, para cumplir sus deberes religiosos.