La casa de vapor
La casa de vapor Allà se reunió con él su hermano, acompañado de Kalagani, y ambos se dieron a conocer a los jefes de las principales tribus, en quienes tenÃan absoluta confianza. En estos conciliábulos se discutieron y determinaron los preliminares de una rebelión general, según los cuales, mientras Nana Sahib y Balao-Rao operaban hacia el sur, sus aliados debÃan maniobrar en la parte septentrional de los Vindya. Antes de volver al valle del Nerbudda, los dos hermanos quisieron visitar otra vez el reino de Pannah. Siguieron el curso del Keyne a la sombra de tecas gigantescos y de bambúes enormes, que se multiplican como por encanto y parecen destinados a invadir la India entera. Allà alistaron muchos y feroces adeptos entre el miserable personal que explota por cuenta del rajá las ricas minas de diamantes del territorio. Este rajá, dice monsieur Rousselet, «comprendiendo la posición en que ha dejado la dominación inglesa a los prÃncipes del Bundelkund, ha preferido el papel de rico propietario territorial al de reyezuelo insignificante». Y, en efecto, es un rico propietario. La región diamantÃfera que posee se extiende por un espacio de treinta kilómetros al norte de Pannah, y la explotación de sus minas de diamantes, los más estimados en los mercados de Benarés y de Allahabad, ocupa un gran número de indios. Entre estos desdichados, sometidos a los más duros trabajos y a quienes el rajá hace decapitar cuando bajan los rendimientos de las minas, Nana Sahib debÃa encontrar millares de partidarios, prontos a arrostrar la muerte por independizar a su paÃs.