La casa de vapor
La casa de vapor En suma, sin contar el número de cipayos muertos con las armas en la mano, durante aquella represión inexorable y que no admitía prisioneros, solo en la campaña del Punjab no bajaron de seiscientos veintiocho los indígenas fusilados por orden de la autoridad militar, ni de trescientos setenta los que sufrieron la misma suerte, por orden de la autoridad civil, ni de trescientos ochenta y seis los que fueron ahorcados por mandato de las dos autoridades.
En resumen: a principios del año 1859, se calculaba en más de ciento veinte mil el número de oficiales y soldados indígenas que habían perecido, y en más de doscientos mil el de indígenas paisanos que pagaron con su vida su participación, muchas veces dudosa, en la revuelta; terribles represalias contra las cuales, no sin razón quizá, protestó con energía Mr. Gladstone en el Parlamento inglés.
Era de importancia para la narración que va a seguir, establecer el balance de esta necrología, porque así podrá comprender el lector el odio insaciable que debía quedar en el corazón de los vencidos sedientos de venganza y en el de los vencedores, que diez años después llevaban todavía el luto de las víctimas de Cawnpore y de Lucknow.