La vuelta al mundo en 80 días
La vuelta al mundo en 80 días El señor Fogg se acercó de nuevo al indio, cuyos ojuelos encendidos por la codicia dejaron ver que no se trataba para él sino de una cuestión de precio. Phileas Fogg ofreció sucesivamente mil doscientas libras, después mil quinientas, en seguida mil ochocientas, y por último dos mil. Picaporte, tan coloradote de ordinario, estaba pálido de emoción.
A las dos mil libras el indio se entregó.
—¡Por mis babuchas —exclamó Picaporte—, a buen precio hay quien pone la carne de elefante!
Arreglado el negocio, ya no faltaba más que guía, lo cual fue más fácil. Un joven parsi, de rostro inteligente, ofreció sus servicios. El señor Fogg aceptó y le prometió una gruesa remuneración, lo cual no podía menos de contribuir a redoblar su inteligencia.
Sacaron y equiparon al elefante sin tardanza. El parsi conocía perfectamente el oficio de mahut o cornac. Cubrió con una especie de hopalanda los lomos del elefante y dispuso por cada lado dos especies de cuévanos bastante poco confortables.
Phileas Fogg pagó al indio en billetes de Banco, que extrajo del famoso saco. Parecía ciertamente que se sacaban de las entrañas de Picaporte. Después, el señor Fogg ofreció a sir Francis Cromarty trasladarlo a la estación de Hallahabad. El brigadier general aceptó.
Un viajero más no podía fatigar al gigantesco elefante.