La vuelta al mundo en 80 días
La vuelta al mundo en 80 días Se tomó un cuarto para la joven, y Phileas Fogg cuidó que nada le faltase. Después le dijo que iba inmediatamente a ponerse en busca de los parientes en poder de quienes debía dejarla. Al mismo tiempo dio a Picaporte la orden de permanecer en el hotel hasta su regreso, para que la joven no estuviese sola.
El caballero se hizo conducir a la Bolsa. Allí conocerían probablemente a un personaje tal como el honorable Jejeeh que era uno de los más ricos comerciantes de la ciudad.
El corredor a quien se dirigió el señor Fogg conocía en efecto al negociante parsi; pero hacía dos años que éste, después de haber hecho fortuna, había ido a establecerse a Europa —en Holanda, según se creía— lo cual se explicaba por las numerosas relaciones que había tenido con este país durante su existencia comercial.
Phileas Fogg volvió al Hotel del Club, y al punto se presentó ante la princesa Aouda, a quien sin más le manifestó que el honorable Jejeeh no residía ya en Hong Kong, habitando probablemente en Holanda.
Aouda al pronto no respondió nada. Se pasó la mano por la frente y estuvo meditando durante algunos instantes. Después, dijo con suave voz:
—¿Qué debo hacer, señor Fogg?
—Muy sencillo —respondió el caballero—. Venir a Europa.