La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas Ahora bien, el agente tenÃa buenas razones para echar pestes contra el infernal azar que lo perseguÃa. ¡No habÃa mandamiento! Era evidente que éste corrÃa tras de él y no podÃa alcanzarlo sino permaneciendo algunos dÃas en la ciudad. Y como Hong Kong era la última tierra inglesa del trayecto, el señor Fogg se le iba a escapar definitivamente si no lograba retenerlo.
—Y bien, señor Fix, ¿estáis decidido a venir con nosotros a América? —preguntó Picaporte.
—Sà —respondió Fix apretando los dientes.
—¡Enhorabuena! —exclamó Picaporte soltando una ruidosa carcajada—. Bien sabÃa yo que no podrÃais separaros de nosotros. ¡Venid a tomar vuestro pasaje, venid!
Y ambos entraron en el despacho de los transportes marÃtimos, tomando camarotes para cuatro personas; pero el empleado les advirtió que estando concluidas las reparaciones del Carnatic se marcharÃa éste aquella misma noche a las ocho, y no al siguiente dÃa como se habÃa anunciado.
—Muy bien —exclamó Picaporte— esto no vendrá mal a mi amo. Voy a avisarle.
En aquel momento, Fix tomó una resolución extrema. Resolvió decÃrselo todo a Picaporte. Era éste el único medio de retener a Phileas Fogg durante algunos dÃas en Hong Kong.