La vuelta al mundo en 80 días
La vuelta al mundo en 80 días Durante esta escena, que iba, quizá, a comprometer gravemente el porvenir del señor Fogg, éste se paseaba con Aouda por las calles de la ciudad inglesa. Desde que la joven había aceptado la oferta de conducirla a Europa, el señor Fogg había tenido que pensar en todos los pormenores que requiere tan largo viaje. Que un inglés como él diese la vuelta al mundo con un saco de noche, pase; pero una mujer no podía emprender semejante travesía, en tales condiciones. De aquí resultaba la necesidad de comprar vestidos y objetos necesarios para el viaje. El señor Fogg hizo este servicio con la calma que le caracterizaba, y a todas las excusas y observaciones de la joven viuda, confundida con tanto obsequio, respondió invariablemente:
—Esto es en interés de mi viaje; está en mi programa.
Verificadas las compras, el señor Fogg y la joven entraron en el hotel, y comieron en la mesa redonda, donde estaba servida suntuosamente. Después, la princesa Aouda, algo cansada, se fue a su cuarto, estrechando antes la mano de su imperturbable salvador.