La vuelta al mundo en 80 días
La vuelta al mundo en 80 días Phileas Fogg, que debía marcharse aquella misma noche para San Francisco, se decidió inmediatamente a buscar a su criado. Se dirigió en vano a los agentes consulares inglés y francés, y, después de haber recorrido inútilmente las calles de Yokohama, desesperaba ya de encontrar a Picaporte, cuando la casualidad, o tal vez una especie de presentimiento, lo hizo entrar en el barracón del honorable Batulcar. Seguramente que no hubiera reconocido a su criado bajo aquel excéntrico atavío de heraldo; pero éste, en su posición invertida, vio a su amo en la galería. No pudo contener un movimiento de su nariz, y de aquí el rompimiento del equilibrio y lo que se siguió.
Esto es lo que supo Picaporte de boca de la misma princesa Aouda, que le refirió entonces cómo se había efectuado la travesía de Hong Kong a Yokohama, en compañía de un tal Fix.
Al oír nombrar a Fix, Picaporte no pestañeó. Creía que no había llegado el momento de decir a su amo lo ocurrido; así es que, en la relación que hizo de sus aventuras, se culpó a sí propio, excusándose con haber sido sorprendido por la embriaguez del opio de un fumadero de Hong Kong.