La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas Los viajeros, dispersados en los pasadizos, estaban mirando tan curioso espectáculo; pero el que debÃa tener más prisa que todos, Phileas Fogg, habÃa permanecido en su puesto, aguardando filosóficamente que a los búfalos les pluguiese dejarle paso. Picaporte estaba enfurecido por la tardanza que ocasionaba esa aglomeración de animales. De buena gana hubiera descargado sobre ellos su arsenal de revólveres.
—¡Qué paÃs! —exclamó—. ¡Unos simples bueyes que detienen los trenes y que van asà en procesión, sin prisa ninguna, como si no estorbasen la circulación! ¡Pardiez! ¡Quisiera yo saber si el señor Fogg habÃa previsto este contratiempo en su programa! ¡Y ese maquinista no se atreve a lanzar su máquina al través de ese obstruidor ganado!
El maquinista no habÃa intentado forzar el obstáculo, obrando con sana prudencia, porque hubiera aplastado, indudablemente, a los primeros búfalos atacados por el espolón de la locomotora; pero, por poderosa que fuera la máquina, se habrÃa parado en seguida, dando lugar a un descarrilamiento y a una indefinida detención del tren.