La vuelta al mundo en 80 días
La vuelta al mundo en 80 días Picaporte se acercó y leyó en una de esas notas que el honorable William Hitch, misionero mormón, aprovechando su presencia en el tren número 48, daría de once a doce, en el coche número 117, una conferencia sobre el mormonismo, invitando a oírla a todos los caballeros deseosos de instruirse en los misterios de la religión de los «Santos de los últimos días».
Picaporte, que sólo sabía del mormonismo sus costumbres polígamas, base de la sociedad mormónica, se propuso concurrir.
La noticia se esparció rápidamente por el tren, que llevaba un centenar de pasajeros. Entre ellos, treinta lo más, atraídos por el cebo de la conferencia, ocupaban a las once las banquetas del coche número 117, figurando Picaporte en la primera fila de los fieles. Ni su amo ni Fix habían creído conveniente molestarse.
A la hora fijada, el hermano mayor William Hitch, se levantó, y con voz bastante irritada, como si de antemano le hubieran contradicho, exclamó:
—¡Os digo yo que Joe Smith es un mártir, que su hermano Hyrames es un mártir, y que las persecuciones del gobierno de la Unión contra los profetas van a hacer también un mártir de Brigham Young!