La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —No marcharé —respondió la joven.
Fix habÃa oÃdo la conversación. Algunos momentos antes, cuando todo medio de locomoción le faltaba, estaba decidido a marchar; y ahora, que el tren estaba allà y no tenÃa más que ocupar su asiento, le retenÃa un irresistible impulso. El andén de la estación le quemaba los pies, y no podÃa desprenderse de allÃ. Volvió al embate de sus encontradas ideas, y la cólera del mal éxito lo ahogaba. QuerÃa luchar hasta el fin.
Entretanto, los viajeros y algunos heridos, entre ellos el coronel Proctor, cuyo estado era grave, habÃan tomado ubicación en los vagones. Se oÃa el zumbido de la caldera y el vapor se desprendÃa por las válvulas. El maquinista silbó, el tren se puso en marcha, y desapareció luego, mezclando su blanco humo con el torbellino de las nieves.
El inspector Fix se quedó.
Algunas horas transcurrieron. El tiempo era muy malo y el frÃo excesivo. Fix, sentado en un banco de la estación, permanecÃa inmóvil hasta el punto de parecer dormido. La princesa Aouda, a pesar de la nevada, salÃa a cada momento del cuarto que estaba a su disposición. Llegaba hasta lo último del andén, tratando de penetrar la bruma con su vista y procurando escuchar si se percibÃa algún ruido. Pero nada. Aterida por el frÃo, volvÃa a su aposento para volver a salir algunos momentos más tarde, y siempre inútilmente.