La vuelta al mundo en 80 días
La vuelta al mundo en 80 días ¡Phileas Fogg estaba libre! Se fue hacia el detective, lo miró de hito en hito, y ejecutando el único movimiento rápido que en toda su vida había hecho, echó sus brazos atrás, y luego, con la precisión de un autómata, golpeó con sus dos puños al desgraciado inspector.
—¡Bien aporreado! —exclamó Picaporte.
Fix, derribado por el suelo, no pronunció una palabra, pues no le había dado más que su merecido; y entretanto, el señor Fogg, la princesa Aouda y Picaporte salieron de la aduana, se metieron en un coche y llegaron a la estación.
Phileas Fogg preguntó si había algún tren expreso para Londres…
Eran las dos y cuarenta y cinco minutos… El expreso había salido treinta y cinco minutos antes.
Phileas Fogg pidió un tren especial.
Había en presión varias locomotoras de gran velocidad; pero atendidas las circunstancias del servicio, el tren especial no pudo salir antes de las tres.
Phileas Fogg, después de haber hablado al maquinista de una prima por ganar, corría en dirección a Londres, en compañía de la joven y de su fiel servidor.
La distancia que hay entre Liverpool y Londres debía correrse en cinco horas y media, cosa muy fácil estando la vía libre; pero hubo atrasos forzosos, y cuando el caballero llegó a la estación, todos los relojes de Londres señalaban las nueve menos diez.