La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —Pues bien, señores —repuso Andrés Stuart—, si Phileas Fogg hubiese llegado en el tren de las siete y veintitrés, ya estarÃa aquÃ. Podemos, pues, considerar la apuesta como ganada.
—Aguardemos, y no decidamos —respondió Samuel Fallentin—. Ya sabéis que nuestro colega es un excéntrico de primer orden, su exactitud en todo es bien conocida. Nunca llega tarde ni temprano, y no me sorprenderÃa verlo aparecer aquà en el último momento.
—Pues yo —dijo Andrés Stuart, tan nervioso como siempre—, lo verÃa y no lo creerÃa.
—En efecto —repuso Tomás Flanagan—, el proyecto de Phileas Fogg era insensato. Cualquiera que fuese su exactitud, no podÃa impedir atrasos inevitables, y una pérdida de dos o tres dÃas basta para comprometer su viaje.
—Observaréis, además —añadió John Sullivan— que no hemos recibido noticia ninguna de nuestro colega, y sin embargo, no faltan alambres telegráficos por su camino.