La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas Al que hubiese extrañado que un gentleman tan misterioso alternase con los miembros de esta digna asociación, se le podrÃa haber respondido que entró en ella recomendado por los señores Baring Hermanos. De aquà cierta reputación debida a la regularidad con que sus cheques eran pagados a la vista por el saldo de su cuenta corriente, invariablemente acreedor.
¿Era rico Phileas Fogg? Indudablemente. Cómo habÃa realizado su fortuna, es lo que los mejor informados no podÃan decir, y para saberlo, el último a quien convenÃa dirigirse era mÃster Fogg. En todo caso, aun cuando no se prodigaba mucho, no era tampoco avaro, porque en cualquier parte donde faltase auxilio para una cosa noble, útil o generosa, solÃa prestarlo con sigilo y hasta con el velo del anónimo.
En suma, encontrar algo que fuese menos comunicativo que este gentleman, era cosa difÃcil. Hablaba lo menos posible y parecÃa tanto más misterioso cuanto más silencioso era. Llevaba su vida al dÃa; pero lo que hacÃa era siempre lo mismo, de tan matemático modo, que la imaginación descontenta buscaba algo más allá.
