La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas Si vivir en semejantes condiciones es lo que se llama ser excéntrico, preciso es convenir que algo tiene de bueno la excentricidad.
La casa en Saville-Row, sin ser suntuosa, se recomendaba por su gran comodidad. Por lo demás, con los hábitos invariables del inquilino, el servicio no era penoso. Sin embargo, Phileas Fogg exigÃa de su único criado una regularidad y una puntualidad extraordinarias. Aquel mismo dÃa, 2 de octubre, Phileas Fogg habÃa despedido a James Foster, por el enorme delito de haberle llevado el agua para afeitarse a 84 grados Fahrenheit en vez de 85, y esperaba a su sucesor, que debÃa presentarse entre once y once y media.
Phileas Fogg, rectamente sentado en su butaca, los pies juntos como los de los soldados en formación, las manos sobre las rodillas, el cuerpo derecho, la cabeza erguida, veÃa girar el minutero del reloj, complicado aparato que señalaba las horas, los minutos, los segundos, los dÃas y años. Al dar las once y media, mister Fogg, según su costumbre diaria debÃa salir de su casa para ir al Reform-Club.
En aquel momento llamaron a la puerta de la habitación que ocupaba Phileas Fogg.
El despedido James Foster apareció y dijo:
-El nuevo criado.
