Las Indias Negras
Las Indias Negras James Starr les apartó con un gesto lleno de autoridad, y dirigiéndose a Nell le tomó las dos manos.
-Muy bien, hija mía... ; has procedido como correspondía. Pero no te dejaremos partir, aunque tengamos que hacer uso de la fuerza. ¿Nos crees tan cobardes como para aceptar tu oferta? Las amenazas de Silfax son temibles, lo acepto, pero un hombre no es más que eso, ¡un ser humano! Nos puedes hacer un favor, eso sí...contarnos las costumbres de tu abuelo, dónde se oculta. Nosotros queremos tan sólo impedirle que pueda hacer daño, y tal vez ayudarle a recuperar la razón.
-Ustedes piden lo imposible -repuso Nell-. -¡Mi abuelo está en todas partes y en ninguna! Nunca conocí sus escondrijos. ¡Nunca le vi dormido! Cuando me resolví a buscarle nuevamente sabía muy bien que otra solución resultaría imposible... Créanme..., ¡tengo que irme! ¡Tal vez así consiga que vuelva a la realidad y deje de odiar a la Humanidad en la forma que lo hace!
Todos habían dejado hablar a la joven. Pero cuando con los ojos llenos de lágrimas se calló, Harry dijo, volviéndose hacia Madge:
-Madre mía, ¿qué pensaría usted del hombre que abandonara a una muchacha tan noble como la que acabamos de escuchar?
-Que es un cobarde, y si fuera hijo mío, ¡lo maldeciría!