Las Indias Negras
Las Indias Negras Los cimientos artificiales eran todos de piedra, y el piso, es decir, el doble piso de los terrenos terciarios y cuaternarios, que reposaran anteriormente sobre el mismo yacimiento.
La oscuridad reinaba ahora en estas galerías, antiguamente iluminadas ya sea por las lámparas de los mineros, o bien por la luz eléctrica, cuyo empleo se introdujera en los pozos durante los últimos años. En los sombríos túneles no resonaban las ruedas de las vagonetas recorriendo las vías, ni se ola el ruido de las tomas de aire que se cerraban bruscamente, como tampoco las voces de los conductores, mezcladas con el relinchar de los caballos, ni todos los sonidos habituales durante las jornadas de trabajo.
-¿Quiere usted descansar unos minutos, señor Starr? -preguntó el joven.
-No, muchacho... - repuso el ingeniero -. Tengo prisa por llegar a tu casa.
-Sígame. Voy a guiarle, pese a que estoy seguro que usted reconocería perfectamente estas galerías sin necesidad de iluminar su camino...
-Seguramente. Todavía conservo en mi memoria el plano de la antigua mina.