Las Indias Negras
Las Indias Negras Harry, seguido por el ingeniero, y elevando su linterna para iluminar mejor, entro en una amplia galería, semejante a la nave de una catedral. Sus plantas pisaban todavía los durmientes de madera que sostenían los rieles en la época de la explotación. Pero apenas habían alcanzado a hacer cincuenta pasos, cuando una roca enorme cayó frente a James Starr.
- ¡Cuidado, señor!. . . -gritó Harry, tomando al ingeniero de un brazo.
-¡Una roca, Harry! ¡Ah, estas antiguas excavaciones no son ya sólidas!. . . -exclamó el ingeniero.
-Señor Starr - interrumpió Harry -. ¡Me parece que le han arrojado esta piedra...!
-¿Arrojado? ¿Intencionalmente? ... - gritó casi James Starr -. ¿Qué quieres decir, muchacho?
-Nada, nada, señor Starr - repuso evasivamente Harry -. Continuemos nuestro camino. ¡Tome mi brazo y no tema, que no daremos ningún paso en falso!
-Aquí me tienes, Harry.