Las Indias Negras
Las Indias Negras Siguieron, pues, caminando, mientras Harry miraba atrás, proyectando la luz de su lámpara en las profundidades de la galerÃa.
-¿Llegaremos pronto? -quiso saber el ingeniero.
-Dentro de diez minutos, más o menos.
-¡Magnifico! -Pero - murmuró Harry -, no consigo olvidar lo ocurrido. ParecerÃa que esa piedra cayó en nuestro camino precisamente cuando Ãbamos a pasar.
-¡Harry, ha sido sólo la casualidad!
-¿Casualidad? - contestó el joven, sacudiendo dubitativamente la cabeza -. Tal vez.
Mientras hablaba se detuvo. Escuchó.
-¿Qué ocurre, Harry? -preguntó el ingeniero.
-Me pareció oÃr a alguien caminando detrás nuestro - repuso el muchacho, que se volvió para prestar atención -. ¡No! Me debo haber equivocado. . . Sigamos. . . Apóyese en mi como si fuera un bastón.
-¡Un bastón sólido, Harry! No hay nada mejor que un joven como tú - contestó James Starr.
Ambos continuaron caminando silenciosamente a través de la sombrÃa galerÃa.
De pronto Harry, evidentemente preocupado, se volvió, tratando de sorprender el origen de un sonido, quizá esperando ver alguna luz alejada.
Pero detrás y delante de ellos todo estaba en silencio, sumido en las tinieblas.