Las Indias Negras
Las Indias Negras La rotonda estaba apenas iluminada por la escasa luz que entraba a través del pozo de ventilación, pero aún así era innecesario el uso de la lámpara de Harry. No obstante, cuando llegaran al fondo de la mina, haría falta la iluminación artificial. Porque el viejo capataz quería llevar a Harry hasta el final mismo de la mina Dochart. Habían ya recorrido más de cuatro kilómetros por la galería principal, cuando llegaron los tres integrantes de la "expedición" a la entrada de un estrecho túnel. Éste era de menor altura y su bóveda estaba apoyada en un armazón de madera, cubierta de musgo. A más de mil quinientos pies de profundidad, el túnel seguía el curso del Forth. Mientras iban recorriendo el camino, Simon Ford recordaba a James Starr los detalles del laberinto de la mina, basado en el plano de la misma. Delante de ellos Harry iluminaba el camino y la lámpara formaba caprichosas figuras con su luz.
-¿Falta mucho? -preguntó el ingeniero.
-Más o menos un kilómetro - respondió Simon -. ¡Qué poco hubiéramos tardado cuando estaban las zorras mecánicas! ... Pero ese tiempo ya pasó. . .
-Y ... ¿Vamos hasta el final del último filón?
-Sí; parece que usted recuerda muy bien todos los detalles de la mina...
-Bueno. Creo que no es posible seguir.
-Así es, señor Starr. El último pedazo de hulla fue sacado de allí.