Los amotinados de la Bounty
Los amotinados de la Bounty —No perdamos el tiempo en protestas inútiles —exclamó Christian interrumpiendo a Bligh. Soy, en este momento, la voz de toda la tripulación de la Bounty. Apenas habÃamos zarpado de Inglaterra, cuando ya tuvimos que soportar sus insultantes sospechas, sus procedimientos brutales. Cuando digo nosotros, me refiero tanto a los oficiales como a los marineros. ¡No sólo nunca pudimos obtener la satisfacción de ver cumplidas nuestras demandas, sino que siempre las rechazaba con desprecio! ¿Somos acaso perros, para ser injuriados en todo momento? ¡Canallas, bandidos, mentirosos, ladrones! ¡No habÃa expresión grosera que no nos dirigiese! ¡En verdad, serÃa necesario no ser un hombre para soportar tal tipo de vida! Y yo, yo que soy su compatriota, yo que conozco su familia, yo que he navegado dos veces bajo sus órdenes, ¿me ha respetado? ¿No me acusó ayer nuevamente, de haberle robado unas miserables frutas? ¡Y los hombres! Por una pequeñez, ¡los grilletes! Por una nimiedad, ¡veinticuatro azotes! ¡Pues bien! ¡Todo se paga en este mundo! ¡Fue muy liberal con nosotros, Bligh! ¡Ahora es nuestro turno! ¡Sus injurias, sus injusticias, sus dementes acusaciones, sus torturas morales y fÃsicas con las que ha agobiado a su tripulación desde hace más de un año y medio, las va a expiar, y a expiarlas duramente! Capitán, ha sido juzgado por aquéllos a los cuales ha ofendido y usted ha sido condenado. ¿No es asÃ, camaradas?
