Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur El paisaje fue variando totalmente; ahora debÃan ascender entre grandes témpanos de hielo de azulados reflejos y tanteando en la nieve para evitar despeñarse. Wilson se habÃa colocado a la cabeza y tanteaba con su pie, los demás ponÃan exactamente los suyos en las huellas; no levantaban la voz, porque el menor ruido que agitara el aire podÃa provocar la caÃda de moles de nieve suspendidas a doscientos o doscientos cincuenta metros sobre sus cabezas.
Estaban en la región de los arbustos; más arriba, a los 3.300 m, toda vida vegetal habÃa desaparecido. Los viajeros hicieron un alto a las cuatro para reparar sus fuerzas con una ligera comida. Renovados, prosiguieron la ascención desafiando peligros cada vez mayores. Pasaron agudas crestas, cruzaron precipicios que no se atrevÃan a medir con la mirada; de trecho en trecho, algunas cruces de madera señalaban pasadas catástrofes. A las dos de la tarde se hallaban frente a una inmensa meseta sin ninguna vegetación; un verdadero desierto se extendÃa entre picos de pórfido o de basalto que taladraban el blanco sudario como huesos de un esqueleto.