Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur Este rebaño entero que había hallado una muerte tan extraña sirvió de aviso a los viajeros. Desde entonces Thalcave comenzó a inquietarse, se detenía y observaba, avanzaba hacia los costados y regresaba dando muestras de preocupación, que no dejaron de advertir Glenarvan y Paganel; lo interrogaron y él les dijo que jamás había visto esa llanura tan impregnada de agua, no sabía la causa y sólo les aconsejaba que se dieran mucha prisa. El consejo no era fácil de seguir,. pues los caballos se fatigaban mucho pisando un suelo que huía bajo sus cascos; en aquella parte de la llanura parecía que el agua brotaba de la tierra. A eso de las dos el cielo se abrió en cataratas y cayó un verdadero diluvio sobre los viajeros cuyos ponchos chorreaban regados por los sombreros que parecían techos llenos de goteras. Los jinetes caminaban entre un doble chaparrón, el del cielo y el que hacían saltar a cada paso los cascos de los caballos.
Empapados, molidos y agotados llegaron a un rancho miserable y abandonado que a pesar de su estado podía darles algún refugio. Entraron y encendieron con gran trabajo un mal fuego con los pastos mojados, que les proporcionó más humo que el calor que deseaban. La lluvia entraba