Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur Todos buscaron alivio en el sueño. La noche fue pésima, el viento azotaba el rancho y parecía que lo iba a levantar a cada golpe, pero afortunadamente la tormenta concluyó sin accidentes y al amanecer Thauka despertó a todos con sus relinchos y los golpes de sus cascos; parecía dar la señal de partida y como todos confiaban en él se levantaron y marcharon. La lluvia había disminuido, pero aquel terreno no absorbía el agua que se estancaba en grandes pantanos. Paganel consultó su mapa y pensó acertadamente que los dos ríos que cruzan esa zona debían haberse desbordado y formado un enorme río de varios kilómetros de ancho. Para salvarse debían apresurar su marcha, pues no se veía ninguna elevación en aquella llanura y si la inundación crecía no encontrarían ningún refugio. Lanzaron los caballos a todo galope; Thauka parecía realmente un caballo marino por la agilidad con que saltaba entre el agua. A eso de las diez, el animal empezó a inquietarse terriblemente, lanzaba fuertes relinchos y parecía que se negaba a obedecer a su amo, miraba inquieto hacia el sur y Thalcave debía realizar grandes esfuerzos para hacerlo seguir la dirección hacia el este.
-¿Qué tiene ese animal? -preguntó Paganel-. ¿Lo habrán picado las sanguijuelas del agua? No -respondió el indio.
-¿Lo asusta algún peligro?
-Sí, presiente un peligro.