Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur -SÃganme en este paseo por el continente americano. Atravesamos la estrecha faja de Chile, pasamos la cordillera de los Andes, descendemos a las pampas. ¿Faltan aquà rÃos, arroyos y arroyuelos? No. Aquà está el rÃo Negro, aquà el Colorado, sus afluentes cortan el paralelo 37 y han podido servir para transportar el documento. Quizás a orillas de estos rÃos, en el seno de una tribu sedentaria, los náufragos, a los que puedo llamar nuestros amigos, esperan una ayuda providencial. ¿Podemos defraudarlos? ¿No les parece que debemos seguir la lÃnea que marca mi dedo en el mapa? Y si no los encontramos, ¿no debemos dar la vuelta al mundo siguiendo el paralelo 37, hasta encontrarlos?
Estas generosas y entusiastas palabras conmovieron a todos, que se levantaron y tendieron la mano a Paganel, mientras Roberto decÃa, mirando fijamente el mapa:
-SÃ, allà está mi padre.
-Y donde esté -respondió Glenarvan-, sabremos encontrarlo, hijo mÃo. Nada más lógico que la interpretación de nuestro amigo; debemos seguir sin dudar el camino que nos ha trazado. Si el capitan se halla en poder de una tribu débil, lo rescataremos, y si es prisionero de una tribu poderosa, después de conocer su situación encontraremos el Duncan en la costa oriental, iremos a Buenos Aires en él y allà el mayor Mac Nabbs organizara un destacamento que dará buena cuenta de los indios.