Matias Sandorf
Matias Sandorf LA TORRE DE PISINO
La fortaleza de Pisino es una de las muestras más curiosas de aquellas formidables construcciones que se levantaron en la Edad Media. Su aspecto feudal la da muy buena traza. Sólo faltan los antiguos caballeros en sus anchos salones embovedados, castellanas vestidas con largas faldas rameadas y adornadas con puntiagudos bonetes, asomadas a sus ventanas ojivales, arqueros o arbalatreros en las buhardas de sus almenadas galerías, en las saeteras de sus torreones, en los rastrillos de sus puentes levadizos. La obra de piedra está aún intacta; pero el gobernador con su uniforme austríaco, los soldados con sus modernos trajes, los guardianes y llaveros sin los vestidos mitad amarillos y mitad rojos del tiempo viejo, falseaban el carácter de aquellos restos magníficos de otra época.
De la torre de aquella fortaleza pretendía el conde Sandorf evadirse durante las últimas horas que iban a preceder a su ejecución.
Tentativa sin duda insensata, puesto que los prisioneros ni aun sabían cuál era la torre que les servía de cárcel, ni conocían el país o través del que tendrían que atravesar después de su fuga.
¡Tal vez era una suerte que su ignorancia fuese completa en este punto! Mejor instruidos, hubieran sin duda retrocedido ante las dificultades, por no decir las imposibilidades de semejante empresa.
