Matias Sandorf
Matias Sandorf LAS BOCAS DE CATTARO
La fatalidad, que desempeña un papel predominante en todos los acontecimientos de este mundo, había reunido en la ciudad de Ragusa la familia Bathory y la familia Toronthal.
No tan sólo las había reunido, sino aproximado la una a la otra, haciéndolas habitar el mismo barrio de la Stradone. Sava Toronthal y Pedro Bathory se habían encontrado, visto, amado. Pedro, el hijo del hombre a quien una delación había enviado a la muerte; Sava, la hija del hombre que había sido el delator.
He aquí lo que se decía el doctor Antekirtt después que se marchó el joven ingeniero.
—¡Y Pedro se va lleno de esperanza, y esa esperanza, la que no se atrevía a esperar, soy yo quien se la ha hecho concebir!
¿Era el doctor hombre capaz de emprender una lucha sin tregua contra aquella fatalidad? ¿Se sentía con el poder de disponer a su capricho de las cosas humanas? Aquella fuerza, aquella energía moral que es necesaria para dominar al destino, ¿llegarían a faltarle?
