Matias Sandorf
Matias Sandorf ¡MEDITERRÁNEO!
«El Mediterráneo es hermoso, sobre todo por dos de sus caracteres: su cuadro tan armónico y la vivacidad, la transparencia del aire y de la luz. Tal cual es, templa admirablemente al hombre. Le da la fuerza seca, la más resistente; forma los más fuertes razas».
Michelet ha dicho esto, y ha dicho bien.
Pero ha sido una suerte para la humanidad que la naturaleza, a falta de Hércules, haya separado la roca de Calpe de la roca de Abila para formar el estrecho de Gibraltar. Hay que admitir, a despecho de las aserciones de varios geólogos, que este Estrecho ha existido siempre. Sin él, no habría Mediterráneo. En efecto, la evaporación roba a este mar tres veces más agua de la que le suministran sus ríos, y falto de la corriente del Atlántico que le regenera propagándose a través del Estrecho, hace muchos siglos que no sería más que una especie de Mar Muerto, en lugar de ser por excelencia el Mar Vivo.
En uno de los más profundos rincones, en el más desconocido de este vasto lago Mediterráneo, el conde Matías Sandorf, que debía continuar siendo el doctor Antekirtt hasta el cumplimiento de su obra, había ocultado su vida para sacar partido de todas las ventajas que le proporcionaba su falsa muerte.
Existen dos Mediterráneos en el globo terrestre: el uno en el Antiguo Mundo, el otro en el Nuevo.
