Matias Sandorf
Matias Sandorf LA CASA TORONTHAL
En Trieste, la sociedad es casi nula. Entre razas diferentes, como entre castas diversas, la gente se ve poco. Los funcionarios austrÃacos tienen la pretensión de ocupar el primer rango, sea cualquiera el grado de la jerarquÃa administrativa a que pertenezcan.
En general son hombres distinguidos, ilustrados, benévolos; pero su trato es pobre, inferior a su situación, y no pueden luchar con los negociantes o gentes de dinero. Éstos, puesto que las recepciones son raras entre las familias ricas, y que las reuniones oficiales faltan casi siempre, se ven obligados a entregarse al lujo exterior; en las calles de la ciudad, por la suntuosidad de sus equipajes; en el teatro, por la opulencia de los tocados y la profusión de los diamantes que sus mujeres exhiben en los palcos del teatro Comunal o de la ArmonÃa.
Entre todas estas opulentas familias se citaba en aquella época la del banquero Silas Toronthal.
El jefe de esta casa, cuyo crédito se extendÃa más allá del reino austro húngaro, tenÃa entonces treinta y siete años. Ocupaba con su esposa, algunos años más joven que él, un hotel de la avenida del Acquedotto.
