Matias Sandorf
Matias Sandorf EL PRESIDIO DE CEUTA
El 21 de Setiembre, tres semanas después de los últimos acontecimientos de que fue teatro la provincia de Catania, un rápido steam-yacht y el Ferrato, navegaba con una hermosa brisa de Nordeste entre la punta de Europa, que es inglesa en tierra de España, y la punta de la Almina, que es española en tierra marroquí. Las cuatro leguas de distancia que separan a ambas puntas, si hay que creer en la Mitología, fue Hércules (un predecesor de M. Lesseps) quien las abrió a la corriente del Atlántico, partiendo con una clava esa porción del periplo mediterráneo.
He aquí lo que Pointe Pescade no habría dejado de enseñar a Cap Matifou, mostrándole al Norte el Peñón de Gibraltar, y al Sur el monte Hacho. En efecto, Calpe y Abila son precisamente las dos columnas que llevan todavía el nombre de su ilustre antecesor. Sin duda Cap Matifou habría apreciado como se merece ese «prodigio de fuerza», sin que la envidia hubiese mordido su alma sencilla y noble. El Hércules provenzal se habría inclinado ante el hijo de Júpiter y de Alcmena.
Pero Cap Matifou no se hallaba entre los pasajeros del steam-yacht, y Pointe Pescade tampoco. Cuidando el uno al otro, ambos se habían quedado en Antekirtta. Si más tarde su concurso se hacía necesario, los llamarían por telégrafo y serían conducidos rápidamente en uno de los Eléctricos de la isla.
