Matias Sandorf
Matias Sandorf UNA EXPERIENCIA DEL DOCTOR
El pasajero a quien no se le dijera nada sobre el destino del buque que lo lleva, no podrÃa adivinar en qué punto del globo pone el pie cuando desembarca en Gibraltar.
Lo primero que ve es un muelle formado por pequeñas dársenas para la entrada de las embarcaciones; después el baluarte de un muro de circuito que tiene una puerta sin carácter alguno, más allá una plaza irregular, rodeada de altos cuarteles, construidos en tramos sobre la colina; y por fin, una calle larga, estrecha y sinuosa que se llama Main Street.
Al desembocar en esta calle, cuyo suelo permanece húmedo en todo tiempo, entre los mozos de cordel, contrabandistas, limpiabotas, vendedores de cigarros y cerillas, carromatos, camiones, carros de legumbres y frutas, van y vienen, en una mezcolanza cosmopolita, malteses, marroquÃes, españoles, italianos, árabes, franceses, portugueses, alemanes, un poco de todo, en fin; hasta ciudadanos del Reino Unido, que están representados más especialmente por los soldados de infanterÃa con chaqueta encamada, y por los artilleros con chaqueta azulada, encasquetados sus chacós en tal forma, que sólo se tienen sobre su cabeza por un milagro de equilibrio.
