Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Acababan de dar las diez de la noche y ya iba el Gran Duque a despedir a sus oficiales, retirándose a sus habitaciones, cuando se produjo un revuelo fuera de palacio. Casi al instante, se abrió la puerta del salón, apareciendo un ayudante de campo del Gran Duque, el cual, dirigiéndose hacia él, le dijo:
-¡Alteza, un correo del Zar!
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Un movimiento simultáneo impulsó a todos los miembros del Consejo hacia la puerta entreabierta del salón: ¡Un correo del Zar habÃa llegado a Irkutsk!
Si los oficiales hubieran reflexionado por un instante la improbabilidad de este hecho, lo hubieran tomado, ciertamente, como por un imposible.
El Gran Duque se dirigió con impaciencia hacia su ayudante de campo, diciéndole:
-¡El correo!
