Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años -No lo será -contestó Harris-. Junto al Coanza, a diez millas de aquí, hay acampada una caravana de esclavos que sólo espera mi regreso para emprender el camino hacia Kazonnde. La manda el árabe Ibn Hamis y tiene a sus órdenes más soldados indígenas de los que hacen falta para apresar a Dick Sand y sus compañeros. Basta con que el grumete tenga la idea de dirigirse hacia el Coanza, ruta que, como es lógico, es la que va a emprender. El muchacho no es tonto y sabe el peligro que le espera y por ello no puede pensar en regresar a la costa por el mismo camino que hemos seguido, sin exponerse a perderse en medio de la intrincada selva. Lo conozco y no puede adoptar otra resolución. Estoy seguro de que tomará esta decisión inmediatamente.
-Estamos de acuerdo, camarada -aprobó Negoro-. Debemos ponernos en marcha en seguida a fin de adelantarles.
En el momento de levantarse, Negoro sintió un estremecimiento que no pudo ocultar. Un ruido que se producía entre las ramas de los crecidos papiros llegó a sus oídos.
Cogió a Harris por un brazo, obligándole a permanecer inmóvil.
De pronto, un enorme perro apareció junto al ribazo, con las fauces abiertas, dispuesto a arrojarse sobre su presa.
- ¡Dingo! -exclamó Harris.