Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años Los días iban transcurriendo y si no hubiera sido porque el clima no era muy favorable, nadie en la goleta hubiera sabido de qué quejarse. Sólo el capitán estaba preocupado por aquella persistencia de vientos del Este que no le permitían orientar bien el barco. Temía encontrar más adelante, cerca del trópico de Capricornio, las calmas que tanto contrarían a los navegantes.
Su inquietud se debía más que a otra cosa a la señora Weldon, a pesar de que los retrasos que podían producirse eran parejos al estado del tiempo.
Una de aquellas mañanas, a las nueve, cuando Dick explicaba al pequeño Jack que el barco no podía zozobrar aunque se trincase muy fuerte a estribor porque estaba muy bien equilibrado, de pronto, el niño, señalando con su mano derecha un punto en el horizonte, preguntó:
- ¿Qué es aquello, Dick?
El grumete se irguió sobre las barras. Miró con atención hacia el lugar indicado, para gritar inmediatamente con voz fuerte:
- ¡Por estribor! ¡Un objeto en dirección al viento! ¡Por estribor!
Toda la tripulación se puso en pie y el capitán Hull, saliendo de su camarote se dirigió a la avanzada.
Los que no estaban de guardia subieron al puente, e igualmente lo hicieron la señora Weldon y el primo Benedicto.