Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años - ¡Escuchad! Oigo como el ladrido de un perro. Todos prestaron atención y pudieron comprobar que un ladrido sonaba en el interior del casco. No cabía la menor duda de que allí había un perro, aprisionado tal vez, porque era posible que estuviese encerrado en las escotillas.
-¡Un perro! ¡Un perro! -exclamó el pequeño Jack.
La señora Weldon se dirigió al capitán:
-Aunque no haya ahí más que un perro, debemos salvarlo.
Unos trescientos pies separaban a las dos embarcaciones y los ladridos del perro pudieron oírse mejor. De pronto apareció un can de gran tamaño y empezó a ladrar con desesperación.
-¡Howik! -ordenó el capitán, dirigiéndose al jefe de la tripulación-, al pairo. Que echen la lancha pequeña al mar.
Fue lanzada la lancha y el capitán, acompañado de Dick y de dos marineros, se embarcó en ella.
Cuando le faltaba poco para llegar junto al casco del barco naufragado, el perro cambió de actitud. A los primeros ladridos que parecían indicar un saludo a los salvadores, sucedieron otros, furiosos en extremo, en tanto que una espantosa rabia excitaba al animal.