Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años Acompañando a Alvez iba su amigo Coimbra, su brazo derecho y organizador de las razzias, muy digno de mandar a los bandidos del tratante. Era el bribón más grande del mundo. Un ser grasiento y desgalichado, vestido con una camisa andrajosa y una falda de hierbas, que cubría la cabeza con un arruinado sombrero de paja, ocultando una cabellera ruda y crespa.
El árabe Ibn Hamis, que había conducido la caravana, cambió afectuosos apretones de mano con Alvez y Coimbra, los cuales por su parte felicitaron al jefe de la expedición.
La conversación entre Alvez y sus compañeros era muy animada, y el joven grumete no dejó de pensar si aquellos hombres no estarían hablando de él y de sus compañeros.
Dick acertaba, ya que tras un gesto del árabe, un havildar se dirigió al barracón donde habían sido encerrados Tom, Austin, Bat y Acteón, que a los pocos momentos eran conducidos ante Alvez.
Alvez saludó con ironía a los nuevos esclavos, empleando algunas pocas palabras inglesas que conocía.
Tom se adelantó entonces.
- ¡Somos ciudadanos de los Estados Unidos, y por lo tanto, hombres libres!
Con un gesto de buen humor, lo que daba a entender que había entendido lo que Tom dijera, Alves contestó: