Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años -Pero Hércules está libre -dijo el grumete con tranquilidad.
-Ese loco hace mucho tiempo que fue pasto de las fieras.
-Queda alguien más -continuó Dick Sand-. Si Hércules ha muerto, queda aún Dingo, que se basta y sobra para acabar con un hombre como tú. Dingo te buscará, Negoro, te encontrará y morirás desgarrado por sus colmillos.
Negoro perdió la serenidad y abalanzándose sobre Dick lo cogió por el cuello para estrangularlo, pero se detuvo al comprender que si mataba al joven ello le privaría de satisfacer sus instintos morbosos, viendo cómo el muchacho moría después de una larga agonía. Soltó a Dick y tras encarecer al hivaldar que no perdiese de vista al prisionero, salió del barracón.
Aquella escena, en vez de abatirle, devolvió al joven grumete toda su energía moral.
La luz del día, que se filtraba por las juntas de la puerta del barracón, fue apagándose poco a poco, hasta que llegó la noche y se extinguieron los últimos ruidos del exterior.
Transcurrieron varias horas hasta que Dick pudo conciliar el sueño.
Gran número de indígenas trabajaban en preparar la tumba de Moini Lungga con el fin de que a la hora fijada estuviese todo dispuesto.