Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años Cerca de la fosa real estaba clavado en el suelo un poste pintado de rojo, en el que un blanco se hallaba fuertemente atado.
Aquel blanco era Dick Sand, que iba a contarse también entre las víctimas de aquel sangriento funeral.
Antes de precipitar las aguas sobre aquellos desgraciados seres, la cuarta esposa, que estaba colocada a los pies del rey, fue degollada a una señal de la reina por el verdugo de Kazonndé. Su sangre, que corrió por la fosa, fue el comienzo de una espantosa escena. Bajo el cuchillo de los degolladores cayeron cincuenta esclavos, que regaron con su sangre el lecho del río.
La horrenda carnicería, entre los gemidos de las víctimas y las voces de los concurrentes, duró media hora.
De pronto, la reina Moina hizo un ademán y el dique que retenía las aguas superiores comenzó a derribarse.
Por un cruel refinamiento, se hizo que la corriente no se precipitara de golpe. Era una forma de procurar una muerte horrenda a los condenados.
El agua iba ahogando a las esclavas que cubrían el fondo de la fosa, quienes se debatían en horribles sacudidas al luchar contra el ahogo.
El agua subía. Iban desapareciendo las últimas cabezas bajo la corriente.