Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años -Poco puedo contar yo -respondió el aludido-. Sólo quiero hacer constar que mi último pensamiento, señora Weldon, fue para usted y para Jack. El agua pasó por encima de mi cabeza por más esfuerzos que hice por romper las ataduras que me sujetaban al poste. Perdí el conocimiento y cuando lo recobré me encontré solícitamente cuidado por Hércules, que se hallaba arrodillado a mi lado.
-¿Cómo pudo usted salvar a Dick? -preguntó la madre de Jack, interpelando al negro.
-Pero, ¿es que acaso fui yo quién salvó a nuestro amigo? -comentó el gigante-. ¿Es que la corriente no pudo haber arrastrado el poste donde había sido atado nuestro amigo y traerlo hasta donde lo encontré medio muerto?
En realidad, había sido Hércules el que había salvado la vida de Dick, jugándose la suya propia.
-Lo importante -dijo Dick después-, es que ahora estamos otra vez juntos y nos es preciso huir de esos miserables que, a buen seguro, habrían encontrado algún medio de tender un lazo a la señora Weldon. Es preciso llegar a la costa antes de que Negoro esté de regreso en Mossamedes, donde las autoridades portuguesas nos protegerán.