Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años El león vacilaba no decidiéndose ni por la presa que se movía ni por la que no se movía.
Así transcurrieron dos minutos. La fiera contemplando a Dick y éste mirando al león sin mover siquiera los párpados.
Seguro era que si el caama no se hubiera retorcido entre las garras del león, el joven grumete estaría perdido. Pero, por fin, abriendo el león sus soberbias fauces, cogió entre sus dientes al caama y se lo llevó hacia el interior del tallar.
Dick Sand no se movió durante algunos instantes más. Después se retiró lentamente y fue a reunirse con sus compañeros a los que nada dijo del peligro que había atravesado.
En su larga peregrinación, los fugitivos habían podido darse cuenta de que en algunas depresiones del terreno existían indicios de antiguas aldeas, ahora deshabitadas.
Aquello les hizo suponer que en el momento menos pensado pudieran aparecer indígenas, entre los cuales eran de temer unos salvajes cuyas tribus vivían bajo tierra en algunas comarcas bañadas por los ríos.
Dick esta seguro de que aquel país albergaba alguna tribu de antropófagos, ya que en alguna ocasión encontró huesos humanos medio calcinados entre cenizas todavía humeantes.