Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años VIII
La única esperanza de los pasajeros era la-de llegar a un puerto cualquiera del litoral americano, aunque no fuese Valparaíso.
Con objeto de obtener el término medio, Dick Sand pensaba reconocer la dirección y velocidad de la Pilgrim, cosa que podía conseguir comprobando todos los días en el mapa el camino recorrido, para lo cual se valdría de la brújula y de la guindola, delicado instrumento provisto de un cuadrante de hélice, que registra la velocidad por un tiempo determinado con toda exactitud.
Claro que las corrientes podían inducir a errores, que sólo podían compensarse con algunos cálculos derivados de observaciones astronómicas que el joven grumete no podía llevar todavía a la práctica. Por eso, por el cerebro de Dick cruzó la idea de conducir nuevamente la Pilgrim a Nueva Zelanda. Sin embargo, y a pesar de que la travesía hubiera sido más corta, el viento a la sazón era favorable para dirigirse a América.
Tomada, pues, esta resolución, el valeroso grumete se dispuso a poner en marcha el barco, cosa que no iba a ser demasiado fácil, porque, especialmente para el manejo de las velas del mástil de mesana, se requiere un buen conocimiento del oficio.
