Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años El trabajo presentaba algunas dificultades, pero los negros, guiados por el grumete, empezaron al punto la tarea de izar la vela que estaba plegada, para fijarla en la verga.
Las órdenes dadas por Dick eran tan exactas y precisas que, al cabo de una hora, la vela estaba envergada, la verga izada y la gavia establecida convenientemente con dos rizos.
También la mesana y el segundo foque fueron instalados sin demasiado trabajo, haciendo posible que aquel mismo día, a las diez de la mañana, el barco continuase la travesía bajo las más lisonjeras esperanzas.
El júbilo de Dick era enorme. Ya no estaba a merced de las olas. Ahora podría orientarse mejor. Estaba seguro de sí mismo...
Si bien las nubes continuaban, corriendo con la misma velocidad, al día siguiente dejaban grandes claros por donde los rayos del sol inundaban la superficie de las aguas.
¡Cuan reconfortante es la luz del Sol después de una tormenta!
Toda la tripulación trabajaba con la mejor voluntad.
Dick consultaba muy a menudo el mapa para orientarse y establecer la posición probable del barco. Estaba seguro de que antes de seis días la tierra aparecería en el horizonte.