Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años En algunos momentos temió que el viento cambiase su dirección hacia el Este, mas por fortuna, después de algunas variaciones, ya fuesen del Norte o del Sur, se estabilizó de un modo definitivo, soplando del Oeste.
Hacía ya más de dos meses que la goleta había partido de Nueva Zelanda. En el 5 de abril, y según los cálculos del grumete, y teniendo en cuenta la velocidad de navegación, la costa tenía que haberse hecho ya visible. ¿Cómo no estaba a la vista? Dick no se explicaba aquella circunstancia. Parecía que el litoral huyese ante el barco.
En más de una ocasión, algunas nubes que presentaban extrañas formas, habían engañado a los viajeros con falsos indicios de tierra. Pero ésta, en realidad, parecía cada vez más difícil de alcanzar.
Por fin, el día 6 de abril, a las ocho de la mañana, el tan esperado acontecimiento se produjo. Dick, que acababa de subir a las barras, gritó:
- ¡Tierra! ¡Tierra!
Ante aquel grito todos se precipitaron sobre cubierta. Sólo Negoro no abandonó su puesto.
La alegría era mayúscula, ya que al condensarse las brumas bajo los rayos del sol y despejarse el horizonte, pudieron comprobar que Dick no se había equivocado. Hacia el Este, a una distancia aproximada de cuatro millas, se perfilaba una costa bastante baja.