Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años La vegetación era lujuriosa y los plataneros, tamarindos y cien vegetales más, que un americano no está acostumbrado a ver en la región septentrional del nuevo mundo, se entrelazaban en un laberinto. Sin embargo, existía un curioso detalle en aquella abundancia forestal y es que entre la misma no se veía un solo ejemplar de la familia de las palmeras, que tanto abundan en toda la superficie del planeta.
También un gran número de pájaros chillones revoloteaba por encima de la playa, pájaros que en su mayor parte pertenecían a una variedad de golondrinas de plumaje negro y que no parecían demasiado salvajes. Se acercaban sin temor alguno a los náufragos, lo que daba a entender que aquellas aves no habían aprendido aún a temer la presencia del hombre y por tanto que aquella costa se hallaba totalmente abandonada y lejos de la civilización.
También vieron algunas gaviotas y varios pelícanos. Aquellos animales parecían ser los únicos seres vivos que frecuentaban aquella parte del litoral. Ninguna señal, ningún indicio, ninguna huella revelaba, en una extensión muy considerable, la presencia de seres humanos.
"¿Dónde nos encontramos?", se preguntaba Dick Sand bastante sorprendido.
De pronto, la señora Weldon exclamó:
-Fíjate en Dingo, Dick.