Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años XIV
A pesar de que Harris había dicho en repetidas ocasiones que sólo podía temerse algún encuentro con indios nómadas, el grupo se sometía a una disciplina severa.
Los senderos, si es que aquellos caminos podían denominarse así, estaban hechos con pisadas de animales, más bien que por las del hombre, y el avance por ellos era muy dificultoso.
Los expedicionarios desconocían los árboles que formaban aquella espesa selva, que sólo un hombre experto hubiera podido clasificar. La bohinia, el molompi, los guayacos de hasta doce pies de diámetro y los fusteles, podían distinguirse entre aquella enmarañada vegetación.
Dick Sand preguntó a Harris los nombres de aquellas diversas especies, pero el aludido, antes de contestar, interrogó a su vez:
- ¿No ha estado usted nunca en el litoral de América del Sur? ¿No conoce las costas de Colombia, de Chile o las de la Patagonia?
-No; nunca.
-Y la señora Weldon, ¿no conoce tampoco esta parte del nuevo continente?
