Un Drama en México
Un Drama en México Mientras paseaba, Crockston se cruzaba a cada instante con él y le miraba haciendo un gesto de satisfacción. Evidentemente, querÃa entablar conversación con el capitán y clavaba en él los ojos con tal obstinación, que acabó por hacerle perder la paciencia.
—Vaya, ¿qué quieres todavÃa? —preguntó Playfair, dirigiéndose al americano—. Estás dando vueltas en torno mÃo como un nadador en derredor de una boya. ¿Va a ser esto el cuento de nunca acabar?
—Dispense usted, capitán —repuso Crockston guiñando un ojo—. Tengo algo que decirle.
—¡Pues acaba de una vez!
—Es muy sencillo… TenÃa que decirle que en el fondo, es usted un buen hombre a carta cabal.
—¿Nada más que en el fondo?
—Y en la superficie también.
—Para nada necesito tus cumplidos.
—No son cumplidos: los haré cuando haya usted terminado su obra.
—¿Hasta que haya terminado el qué?
—Su obra, capitán.
—¿De manera que tengo una obra que cumplir?