Un Drama en México
Un Drama en México José tenÃa razón, y la muy problemática pureza de las razas por estos lugares hace que los estudios antropológicos sean muy inseguros. Pero, a despecho de las eruditas conversaciones del gaviero, MartÃnez caÃa sin cesar en su taciturnidad primera. Incluso se apartaba con gusto de su compañero, cuya compañÃa parecÃa molestarle.
Otros dos torrentes cortaron, poco después, la ruta. El teniente se desanimó un poco al ver los lechos secos, porque pensaba dar de beber a su caballo.
—¡Henos aquà como en calma chica, sin vÃveres ni agua, mi teniente! —dijo José—.
¡Bah! ¡SÃgame! Busquemos entre estas encinas y estos olmos un árbol que se llama ahuehuetl, que sustituye con ventaja los manojos de paja de la muestra de las posadas. Bajo su sombra se encuentra siempre algún manantial, y, aunque sólo sea agua, ciertamente le aseguro que el agua es el vino del desierto.
Los jinetes dieron la vuelta al macizo y pronto encontraron el árbol en cuestión. Pero el manantial habÃa sido cegado, y se veÃa, incluso, que hacÃa poco de esto.
—¡Es extraño! —dijo José.
—¡Algo más que extraño! —exclamó MartÃnez, palideciendo—. ¡Adelante, adelante!