Una ciudad flotante
Una ciudad flotante Al día siguiente, corrí en busca de Corsican y le hallé en el gran salón. Había pasado la noche junto a Fabián, que aún no se había repuesto de la terrible emoción que le había causado el nombre del marido de Elena. ¿Acaso una secreta intención le hacía comprender que Drake no estaba sólo a bordo? ¿La presencia de aquel hombre le revelaba la de Elena? ¿Adivinaba que la pobre loca era la niña a quien adoraba hacía tantos años? Corsican no pudo decírmelo, porque Fabián no había pronunciado una palabra en toda la noche.
Corsican sentía, hacia Fabián, una especie de pasión fraternal. Desde la infancia, su intrépida naturaleza le había seducido. Estaba desesperado.
—He intervenido demasiado tarde —me dijo—. ¡Antes que Fabián levantara su mano sobre Drake, he debido abofetear a ese miserable!
—Inútil violencia —le dije—. Drake no os hubiera seguido al terreno a que pretendíais llevarle. Buscaba a Fabián, y era inevitable la catástrofe.
