Una ciudad flotante

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La operación de tender el cable se efectuó con pleno éxito, y después, el Great-Eastern fue relegado de nuevo a su costoso abandono. Tuvo entonces lugar la Exposición Universal de 1867. Una compañía francesa, llamada de los Fletadores del Great-Eastern, se fundó, con el capital de dos millones de francos, con la intención de emplear el inmenso buque en el transporte de visitadores transoceánicos. De aquí la necesidad de volver a apropiar el Great-Eastern a este destino, de cegar los recipientes, restablecer las calderas, agrandar los salones que debían habitar muchos miles de pasajeros; de construir aquellos camarotes con comedores suplementarios, y por último, de disponer tres mil camas en los costados del inmenso casco.

El Great-Eastern fue fletado al precio de 25 000 francos mensuales. Se ajustaron dos contratas con «G. Forrester y Compañía», de Liverpool: la primera, de 538 750 francos para el establecimiento de las nuevas calderas de hélice; la segunda, de 662 500 francos, para reparaciones generales y mobiliario del buque.





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